El más probable
detonante de los recientes acontecimientos en Honduras no fue la
intentada consulta popular, ni quiera la destitución del Jefe del Ejercito por el Presidente Manuel Zelaya, sino la requisa de los
materiales para la consulta sacándolos de un cuartel de las FF.AA. el día
viernes 26 de Junio 2009 asi como la capacidad de organización
al distribuir dichos materiales a lo largo y ancho del país
el día sábado siguiente sin recurrir a los militares. Vaya hasta en
Nicaragua se tiene que recurrir al ejercito para la logística
electoral. Si los militares hubiesen permitido que se mostrara con
éxito una capacidad organizativa civil que hasta éste momento había
sido área exclusiva de los militares, difícilmente e independiente
del resultado de la consulta después se hubiera podido dar vuelta atrás a
este cambio secular. Entonces no tenían otra alternativa que actuar
como actuaron.
Al mismo tiempo, este
trasfondo de una transición secular explica las reacciones fuertes
contra el golpe militar por los gobiernos civiles del Cono Sur,
quienes transitaron hace pocas décadas, pero también por los
gobiernos civiles de Guatemala, El Salvador, Panamá, Bolivia y
Ecuador, los que apenas se encuentran al inicio de la transición por
la cual se reemplaza la capacidad organizativa militar por la
capacidad organizativa civil.
Para no caer en
estereotipos, conviene regresar el reloj de la historia por casi 230
años, a los inicios de la historia institucional moderna o sea los
finales del siglo XVIII, cuando surgen los ejércitos de masas y el
servicio militar obligatorio en los estados europeos. En estos
tiempos antes de la industrialización los ejércitos eran a
distancia las organizaciones mas grandes, las que tenían que
implementar métodos de organización efectivas y eficientes más la
promoción por mérito antes que por descendencia; so
pena de perder batallas hasta guerras en el caso contrario.
Fueron
los militares, quienes promovieron la educación primaria universal
de varones en Austria y Prusia como los que promovieron la
prohibición del trabajo infantil en Inglaterra, puesto que ni con
analfabetas ni con inválidos prematuros se podía mantener un
ejército victorioso. La
Ingeniería Civil nace como hermana menor de la Ingeniería Militar a
inicio del siglo XIX.
Es hasta en la segunda mitad del siglo XIX, que la cantidad de
personas trabajando en relaciones por contratos y salarios -es decir
en la industria, la manufactura y el transporte- en lugar de
dependencia personal -artesanía, agricultura y servicios domésticos-
sobrepasa a la cantidad de personas militarizadas.
Consecuentemente
se apreciaba a los ejércitos como las
escuelas de la nación
y a la inversa se establece la frase del ejercito
obrero,
pues había ejercito mucho antes que obreros. Vaya la frase de aquel entonces: Prusia no es un estado, que tiene un ejército, sino un ejército, que tiene un estado. La misma palabra sueldo se deriva del pago de los soldados, donde ambos -obreros y
soldados- comparten condiciones laborales
homogeneizados así como pagos y promoción en base de eficiencia
mostrada. Cabe mencionar que en los EE.UU. ya antes de la Guerra de
Secesión había más obreros que soldados, sino menospreciar que
hasta hoy día el Cuerpo de Ingenieros del Ejercito está al cargo de
toda la infraestructura fluvial de los Estados Unidos.
El
paradigma ejercito
como modelo dominante de organización social efectiva, muere en
Europa en las trincheras de la primera guerra mundial, la primera
guerra industrializada, manifestándose su fin en los comités de
obreros y
soldados, quienes encabezan las revoluciones en Alemania y Rusia. Aún
muerto, sus efectos formativos son todavía lo suficientemente
fuertes para servir de trasfondo psicológico-social para llevar el
fascismo al poder, provocando la catástrofe de la segunda guerra
mundial.
En ausencia de una
industrialización masiva los ejércitos en América Latina en lo
general y en Centroamérica y el Caribe en particular mantuvieron su
posición como las organizaciones más grandes de acción (y
aprendizaje) colectiva hasta en la segunda mitad del siglo XX. A la
vez los altos niveles de analfabetismo y en particular los bajísimos
niveles de educación posprimaria -la edad, en la cual se forman los
conductas sociales más allá de la familia- impidieron que se
establecieran paradigmas civiles, non autoritarios, de conducta. En
fin la carrera militar se mantiene como oferta atractiva de ascenso
social para capas bajas, oferta que hasta en los EE.UU. provoca el
alistamiento disproporcional de minorías e inmigrantes.
Siendo el ejercito la
organización homogénea más grande y relativamente más eficiente y
efectiva, no sorprende que la misma reclama para si mismo un papel
de liderazgo dominante, independiente de la matiz que pueda tomar,
sea más hacia el populismo sea hacia la defensa feroz del estatus
quo, como ha sucedido en casi todos los países de América Latina en
uno u otro momento. En este sentido Venezuela de ahora y Honduras
ahorita no son otra cosa que diferentes lados de la misma medalla.
Sin embargo salvo en Brasil en ningún país de América Latina los militares han
impulsado el desarrollo educativo, tecnológico hasta científico de
su entorno, como lo hicieron sus similares en Europa y los EE.UU.
sino se basaron desde de la tecnología hasta la formación de la
alta oficialidad siempre en ofertas externas o importadas.
En
los estados del Cono Sur así al fin la organización militar perdió
su atractivo por la incapacidad mostrada de administrar sociedades
industrializadas más modernas, cuyos niveles de organización civil
eficiente y efectiva mientras ya sobrepasan al modelo militar, no
solamente por la expansión del trabajo anónimo asalariado sino
también por la desconcentración y descentralización de la
administración pública civil, la que paulatinamente obtiene una
ubiquidad que antes tenían solamente los militares. Luiz Inácio
Lula da Silva, representante del movimiento obrero brasileño,
Verónica Michelle Bachelet Jeria,
hija de una familia militar de larga trayectoria, y Cristina Elisabet
Fernández de Kirchner,
heredera del Peronismo, son los personajes emblemáticos de ésta
transición.
En
forma similar Honduras se ha venido transformando, no solamente -bajo
la influencia fuerte de la cooperación externa- en el
fortalecimiento de las municipalidades y la expansión de la
educación, sino igualmente por la expansión masiva del trabajo
asalariado anónimo en las fabricas de las zonas francas, las que, no
obstante sus condiciones de trabajo deplorables, establecen un nuevo
patrón más dominante de eficiencia y efectividad comparado tanto
con el sistema de obediencia militar como con las relaciones de media
servidumbre en el sector agrícola, bananeras incluidas. Al respecto,
el grado de industrialización de la Honduras contemporánea es
sustancialmente más alta que él de Nicaragua.
En
este sentido la presidencia de José Manuel
Zelaya
Rosales respondió más a las necesidades de modernización de
paradigmas obsoletas de organización social civil que a un intento
de revolución social empujado por la miseria. La transición
iniciada de una sociedad netamente agraria hacia una sociedad, cuya
dinámica o empuje la definen la manufactura y los servicios,
redefine a la vez el balance entre los mismos grupos económicos
dominantes. Rápidamente los grupos de apoyo al golpe militar ahora
se van a dar cuenta que no se puede tener dos cosas al mismo tiempo,
estructuras políticas al estilo del siglo XIX y un desarrollo
económico de acuerdo a los requerimientos del capitalismo
globalizado del siglo XXI.
No
sorprende pues que entre los primeros grupos en Honduras de buscar
distancia están la Asociación de Banqueros y la Asociación de
Zonas Francas. Ninguna sorpresa tampoco, que el Departamento de Estado de los EE.UU. se niega a recibir los golpistas. Ni tampoco causa sorpresa que OEA y ONU condenan
unánimemente el golpe, puesto que los actores económicos globales
necesitan antes de todo previsibilidad del entorno para colocar sus
inversiones. En tiempos de incertidumbre por una crisis más de las
cíclicas del capitalismo, golpes de estado significan solamente
elementos adicionales innecesarios de distracción.
Cornelio
Hopmann
Managua,
Nicaragua, 6 de Julio 2009